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Los derechos humanos no cambian por tener más edad

Los derechos humanos no cambian por tener más edad

Cuando una sociedad necesita fijar un día de celebración en el calendario, es para llamar la atención sobre una problemática concreta. Desde 2012 Europa celebra el 29 de Abril como el día de la Solidaridad Intergeneracional y nosotros celebramos nuestro santo. 

Ya subrayó (384- 322 a.C.) que el papel del ser humano es su función social junto a la función lingüística. Somos animales sociales, en tanto que nos agrupamos en familias, comunidades y Estados, y además hablamos un lenguaje para comunicarnos y entendernos. A este conjunto de seres sociales que conforman las sociedades, que forman culturas constituidas principalmente por objetos, costumbres, reglas…, creadas para ser aprendidas y ser referentes, para compartir ideas e ideales que identifiquen al grupo y facilitar la integración de todos y cada uno de sus miembros, es decir, su socialización, -insisto- a este colectivo se le dedica el 29 de abril, es decir, a todos los pequeños grupos familiares que conforman la sociedad Intergeneracional.

La familia es la clave de bóveda que ofrece unidad y estabilidad a sus miembros, siendo su función social esencial para el desarrollo equilibrado del ser humano desde su nacimiento hasta el final de sus días, y para la transmisión de los valores éticos, culturales, sociales, económicos… Los españoles, mujeres y hombres, siguen considerando la familia como la institución más importante, por encima de amigos, del trabajo o del dinero.

La familia, casi siempre intergeneracional, es el lugar de creación económica directa, es origen del “capital humano” y aporta la educación, los valores, el apoyo, los cuidados y los estímulos que transmiten los padres y madres a sus hijos e hijas, y viceversa, para construir una sociedad más tolerante que favorezca el desarrollo y bienestar de todos, respetando siempre los derechos humanos de todos sus miembros, y aportando solidaridad.

La crisis y las dificultades sociales y económicas de la última década han hecho redescubrir que la familia representa un valioso potencial para el amortiguamiento de los efectos dramáticos de problemas como el desempleo, los problemas de vivienda, la pobreza económica, el cuidado de los enfermos y/o dependientes, la marginalidad, las drogodependencias, etc., por ser portadora de elementos favorables para el desarrollo económico y el equilibrio social, además del lugar de la solidaridad afectiva, económica y social que permite reaccionar ante las distintas circunstancias de la vida, como hemos podido comprobar en esta alargada crisis en España.

Entre las demandas sociales más importantes que reivindican los españoles se encuentra la de mejorar las ayudas a las personas que no pueden valerse por sí mismas (53%). Cuando estos apoyos no existen, la normatividad familiar (la prestación de “alimentos” de hijos a padres) señala que deben ser las propias familias las que se hagan cargo de esta necesidad.

La mayoría de las familias en España cuentan con uno o más familiares, directos o indirectos, en situación de dependencia y/o con enfermedad crónica, y en el ideario colectivo, para el 69%, es la familia la que sigue estando muy presente como proveedora de servicios de atención social y para hacerse cargo de las necesidades de las personas mayores. La Ley 39/2016 de promoción de la autonomía personal y atención a las personas en situación de dependencia contribuye con un catálogo de servicios y prestaciones a este fin, pero sigue siendo escaso, retrasando más de 6 meses el inicio de las prestaciones que ofrece, y las familias siguen haciéndose cargo de forma mayoritaria, parcial o totalmente, del cuidado de sus familiares, especialmente las mujeres, esposas e hijas. Esto sigue siendo solidaridad social, e Intergeneracional, pero no debería ser solo cosa de mujeres.

La familia en España se ha transformado y los valores tradicionales son denostados mayoritariamente por la sociedad, al tiempo que se consolida y amplia el modelo de familia igualitaria y diversa.

Una sociedad que presta apoyo mutuo entre sus generaciones, entre iguales, como lo vemos en las familias, células madre de una sociedad, y apuesta con decisión por el respeto absoluto a los derechos humanos en todas las etapas de la vida, además de ofrecer a sus miembros una política social generosa con los necesitados garantizándoles seguridad integral, cooperación, integración y participación activa de todas las personas, es una sociedad en la que merece la pena vivir y por la que merece la pena luchar.

Solidaridad Intergeneracional, asociación de personas mayores y familiares a la que represento, con implantación estatal, se constituyó en la provincia de Zamora en 2004 con el propósito de mejorar la calidad de vida de las personas mayores y sus familiares cuidadores, y para ello desarrolla programas y actuaciones de intervención social en el medio rural prioritariamente, apostando por desarrollar el proyecto de vida de cada una de las personas que necesiten de nuestro apoyo para lograrlo.

Llamamos la atención sobre la importancia de ser solidarios, no solo con nuestra familia, sino con toda la sociedad, ofreciendo aquello que tenemos todos: tiempo. Tiempo para escuchar, para acompañar, para dar a conocer lo que uno sabe. Tiempo para el cariño, para el abrazo, para la sonrisa, para la compañía. Las personas más mayores somos personas, como tú. Tenemos sueños, ilusiones, penas, expectativas, que queremos que se cumplan. También tenemos derechos que exigimos se respeten y no puede ser que nos desplacen por tener la fortuna de vivir muchos años.

La solidaridad entre las generaciones existe desde el mismo momento de nacer y ha de ser siempre infinita, porque es nuestra razón de existir.

Por Ana Isabel Esteban Martínez, presidenta de Solidaridad Intergeneracional

 



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